La historia reciente del automovilismo estadounidense ha sido sacudida por una polémica que, de confirmarse en toda su dimensión, podría tener profundas implicaciones éticas y deportivas: ¿fue legal la victoria de Josef Newgarden en las 500 Millas de Indianápolis de 2024?
La interrogante ha resurgido con fuerza tras la edición 2025 de la mítica carrera, en la que el equipo Penske fue duramente sancionado por modificaciones ilegales en los atenuadores traseros de sus monoplazas. Tanto Newgarden como Will Power fueron relegados al fondo de la parrilla, multados con 100 mil dólares y despojados de sus puntos clasificatorios. ¿La razón? Las costuras del atenuador fueron suavizadas para obtener una ventaja aerodinámica no autorizada.
Pero lo que ha causado una ola de indignación es lo que vino después: al revisar el auto de Newgarden exhibido en el Museo de Indianápolis, el mismo con el que ganó en 2024, se encontraron evidencias de alteraciones similares. Las costuras también estaban suavizadas y rellenas. En otras palabras, el auto campeón de 2024 tenía la misma modificación que un año después fue considerada ilegal.

Silencio institucional y falta de sanción retroactiva
Hasta ahora, IndyCar no ha tomado ninguna medida respecto a los resultados de 2024. La organización se ha limitado a aplicar el reglamento a partir de lo detectado en 2025, evitando abrir una investigación retroactiva. Sin embargo, la presión mediática y la reacción de los aficionados, especialmente en México, están creciendo. Muchos consideran que se trata de una injusticia contra Patricio O’Ward, quien terminó segundo en la edición pasada tras luchar toda la carrera y quedar a un suspiro de la victoria.

¿Un error de reglamento o doble estándar?
Esta situación plantea un serio problema de credibilidad para la IndyCar. ¿Cómo puede ser que una infracción técnica tan precisa y verificable no haya sido detectada, o sancionada, en 2024, pero sí lo sea apenas un año después? El doble estándar regulatorio puede minar la confianza en la equidad de la competición. El hecho de que el auto esté en exhibición con la misma modificación por la que se sancionó a Penske en 2025 no hace más que echar leña al fuego.
El reclamo de O’Ward y el impulso de una revancha
En medio de esta controversia, la figura de Pato O’Ward emerge con fuerza. El piloto mexicano no solo quedó a las puertas de una victoria histórica en 2024, sino que ahora, con esta nueva información, su resultado toma una nueva lectura: no fue una derrota deportiva, fue una posible injusticia técnica.
La narrativa para este 2025 es poderosa: no se trata solo de una carrera, sino de una búsqueda de reivindicación. O’Ward no persigue únicamente la gloria, sino también restaurar lo que muchos consideran le fue arrebatado de forma ilegítima.

